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A las 6 y pico

Por ella

Por ella

22 de Mayo de 1996.

Olvidado diario:

Hoy por fin, voy a volver a ser yo mismo, el yo de antes, sí, en este preciso instante puedo jurar que no voy a dejar de escribirte nunca más, porque por fin me he dado cuenta de que no me podía seguir haciendo tanto daño a mí mismo, bueno..., a mí mismo y a mis seres queridos.
La he abandonado, voy a comenzar una nueva vida sin ella, porque puedo hacerlo, estoy seguro de ello. Quizás suene un poco cruel, después de lo que hemos pasado juntos, pero es lo que más me conviene sin lugar a dudas, sí... Ahora sí que no tengo ninguna duda, la cruel era ella que me hacía la vida imposible sin que me diera por aludido, me hacía enceguecer y me apartaba de todo lo que quería, y quiero..., además me engañaba... Encima me engañaba, la muy..., me enzurronaba, me hacía creer que todo iba a ser mejor a su lado, se aprovechaba de mi desdichada situación y me hacía olvidar de mis espeluznantes y tristes problemas con su consuelo. Me atrapó, y de qué manera..., me sedujo como el diablo nos seduce con sus mañas, con todas sus armas: Su olor, su textura, sus vivos colores y sus formas...

Me hacía olvidar, lograba que me sintiera distinto, mucho menos desgraciado sobretodo... Yo pensaba entonces que ella había sido creada y pensada para mi boca, para mis labios que como si estuvieran poseídos la buscaban en todos los rincones. Primero todo empezó como un juego, pero con el tiempo, sólo le era fiel a ella, me olvidé de mi estupenda esposa, le hice tanto daño..., la dejé..., la dejaba sola por las noches mientras yo hundía mis gozos y pensamientos en el regazo de la otra. Con los días empecé a cambiar, me había vuelto otra persona. Y ella, para que no me cansara nunca, para que no la aborreciera, se citaba conmigo a distintas horas del día, en lugares insospechados, y cambiaba a menudo de imagen, jugaba a este juego porque vio que le daba resultado y me retenía a su lado. Un día iba de rubia, otro me provocaba teñida de rojo burdeos, muchas noches se mostraba fría, otras..., se me calentaba sola, sin casi darme cuenta, pero no por eso dejó de tenerme atrapado con su característico magnetismo. Cada noche acudía a su terreno, noche tras noche, algunos días como te he explicado antes, la veía a otras horas, pero no tardó en exigirme que quería más, que me quería para ella sola, a todas horas, querías poseerme en cuerpo y alma..., yo cedí a sus encantos nuevamente. No iba al trabajo, no jugaba con mis hijos, me cambió aún más el temple, sobre todo cuando no estaba con ella, y cuando lo estaba no era yo...
Incluso pensé en el divorcio, quería separarme de mi esposa..., pues no podía vivir sin la otra, loco andaba a su encuentro, sin pensármelo, y era feliz. Por unas horas era feliz, luego..., más tarde me daba cuenta de que quizás me estaba equivocando, y la idea del divorcio tenía menos furia en mis pensamientos. La vida me hacía daño, y ella era la única que me albergaba y me comprendía, ¡hum!, la única que me endulzaba, ella me recogía y me emborrachaba con su dulce miel. No era amor..., pero la deseaba como un desquiciado, que equivocado estaba diario, como pude caer en su trampa. ¡Cuántas cosas he dejado por ella, he tirado mi vida por el maldito retrete! ¿Cómo voy a recuperar a mi mujer ahora? ¿Y a mi familia?
Pero ya está, ya se han acabado esos días en que sólo me importaba estar con ella, a solas o con más gente, daba igual, pero no sin ella. Lo que más me gustaba es que nunca me pedía explicaciones de ningún tipo, nunca, ella se apoderaba de mí sin preguntar nada, accedía siempre a mi voluntad y a mis deseos..., me embriagaba tanto...
Pero hoy, hoy por fin puedo decir que la he dejado... He dejado la bebida.

* Autora : Comella Firmet
El Cuentista
Ediciones Guallavito

He pintado la casa...

... me he encontrado una caja de pinturas Alpino, y he pintado todo, Si no os gusta, no hay problema, no tengo ni idea de cómo volver al aspecto anterior, pero os aseguro que haré propósito de enmienda.

salud

Dos cuentitos de una sola vocal

Vergeles del presente

Pepe Pérez, prende leves redes que se mecen de preñez; peces, de tez verde, de herretes breves, se estremecen entre bretes.
Él vence; sedente entreteje redes. Clemente, se desprende de pejes endebles, de peces peques...
De repente, Selene emerge en el este.
—Éste es el edén: me pertenece.
En el éter, vehementes seres celestes, crecen, se empequeñecen, tremen... fenecen.



¡Horror!

Lolo contó.

—Osorno, tostó los ocho pollos; los colocó, gordos, olorosos, con los cohombros.
Tomó los cocos, los portó, los mondó.
Gozoso, royó los orondos pollos, los cocos, los cohombros oblongos... Probó ron; sólo dos pomos.
Pronto notó dolor, sofoco...

Tropo: Osorno, con rostro color rojo por mondongo colmo, rodó como bolo; orondo, como los pollos, sólo logró foso hondo, mohoso, fosco... Tolón, tolón.

Rocco lo oyó.

—¡Oh, no! ¡Horror! Yo como poco pollo —corroboró, fogoso.

En Andorra

En Andorra

Elena 04.
Óleo sobre lienzo.
40 x 60 cm.

LOS ECOS DE LAS MONTAÑAS.

Esta vez el Viento del Sur quería dar las gracias de verdad al Amor Desconsolado, pero ya se hallaba aburrido y cansado de enviar palomas mensajeras, por no decir que la última paloma se hallaba aun en el viejo palomar de Amor Desconsolado..

Así que el Viento del Sur, lo que quería era encontrarse y entrevistarse con el amor desconsolado, estrecharle la mano, darle unos golpecitos en la espalda, y hasta puede que un abrazo.

En vistas de que las únicas noticias del Amor Desconsolado, provenían de los ecos de las montañas y los versos de los juglares,(dicho sea de paso que los últimos versos habían sido preciosos y de lo más inspirados..). El viento del Sur se decidió a preguntar a la Dama Rompecorazones, conocida por la gran y antigua amistad que le unía al Amor Desconsolado.

La Dama Rompecorazones, poco aclaró al Viento del Sur, el mismo sonido del viento causaba interferencias, y no permitía a la Dama comprender los motivos del interés de éste. Todavía no existía suficiente confianza entre ambos, para que se diera semejante entendimiento.

Así que el Viento del Sur, decidió elevar su agradecimiento sobre los ecos de las montañas, esperando que los juglares relatasen las nuevas... Las palomas mensajeras también merecían unas vacaciones...

"Sin título"

"Sin título"

Boceto.
Lápices de colores sobre papel.

De caballetes 1

De caballetes 1

Elena 99.
Grafito sobre papel.
21 x 28 cm.

YO PINTO

Coloco un nuevo lienzo en mi caballete.
Lo miro mientras se halla esperándome, blanco, puro y fértil. El virginal lienzo, pedazo de tela imprimada, tensada y clavada mediante unas vulgares grapas a un antes vacío bastidor de madera.
Lo asalto con una mezcla de incertidumbre, ansias por corromper su inmaculada presencia, así como un cierto miedo ante lo desconocido, cual antiguo colonizador en tierras por descubrir.
Dejo que mi mente guíe a mi mano y ésta al grafito, mientras bosquejo el inicio de lo que será una larga fecundación.
Me recreo en la línea y el dibujo tranquilamente, como si dispusiera de todo el tiempo del mundo. Me alejo, lo estudio, percibo fallos en la proporción. Borro, paso el paño, y vuelvo con mayor determinación.
Unos simples y apenas perceptibles garabatos comienzan a cuestionar por primera vez el blanco de la superficie, pidiendo a gritos: - ¡¡Mancha!!
Abro el maletín, como si de un magnífico cofre del tesoro se tratara. Está lleno de tubos de colores, pinceles de casi todos los tamaños. Es curioso el hecho de que todavía posea esa capacidad de sorprenderme, cual niño pequeño, ante la amplia gama de utensilios envueltos en llamativos diseños que te permiten desarrollar la creatividad y "pringarte" a gusto.
Ya como adulto, pienso: - ¿no es maravilloso que las marcas de material artístico se denominen "Van Gogh", "Rembrandt" o "Windsor and Newton"? (me pregunto quién sería éste último).
Cojo la paleta señalada con miles de huellas, que son las marcas de tantos cuadros a sus espaldas...
Entonces comienzo a distribuir los óleos en ella, desde el blanco de cinc hasta el azul de cobalto. Una gama de ocho colores que considero esenciales, entre los que nunca estará el negro, pues es sabido que todo pintor medianamente aceptable ha de ser capaz de obtenerlo a partir de los tres primarios.
Mmmm, ya me viene el olor de la trementina recién vertida en el bote de cristal (en realidad, los pobres utilizamos aguarrás, que viene a ser lo mismo, pero las palabras "esencia de trementina" quedan infinitamente mejor).
Creo que ése es el momento en que tengo menos miedo. Hundo el previamente mojado en trementina pincel, entre los churretes de pintura, noto cómo se impregna, y: "zas", mi mano roza el pincel contra la tela, con movimientos rápidos.
Me suelto y comienzo a realizar manchas generales, sé que siempre estaré a tiempo de añadir o quitar pintura (el acto de pintar no es tan diferente al de modelar la arcilla).
Voy viendo resultados, lo que me anima a continuar.
Ese marrón ha de ser más rojizo, ahí hay una sombra arrojada que contiene parte del color complementario del objeto en sí. Si añado carmín a ese azul lo oscurezco, con lo que el blanco de al lado desentonará un poco, hay que neutralizarlo con gris. Ese naranja destaca poco en contraposición al rojo bermellón que lo limita, creo que le añadiré algo de azul.
Durante toda esta vorágine, me doy cuenta de que han transcurrido varias sesiones y el cuadro ya ha tomado forma. A esas alturas siento cómo me he fundido con la obra, me he implicado de tal manera, que miro y encuentro pintura en el lienzo y en mis manos, en mi pelo y mi mono. Descubro frente al espejo, que mi cara está manchada de verde. Me encanta esa sensación. Soy una persona que necesita percibir el material, vivir plenamente lo que está haciendo. No sería capaz de pintar con guantes de látex en mis manos, no soportaría tanta esterilidad.
A esas alturas, llega el momento crítico, hay algo que no me convence, he de estudiar bien de qué se trata.
La obra iba por buen camino, pero le falta ese punto, ese toque que la hará parecer terminada o no.
Me encuentro en la encrucijada que existe entre dar el "toque maestro", o tirar por la borda horas y horas de trabajo, por un mal gesto.
Odio ese momento, me gustaría dejar los cuadros así, sin terminar. Además, ¿quién decide cuándo una obra está terminada y cuándo no?, es algo tan relativo...
Me dan ganas de tirar la toalla, y puede transcurrir un día, dos, o incluso más, sin que sea capaz de tocar de nuevo el cuadro.
El óleo se va endureciendo en la paleta, hasta que llega un momento, en que me armo de nuevo de valor, me arriesgo, y meto el pincel con ímpetu.
Quedaba más trabajo del que pensaba, todavía hay que añadir saturación en algunas zonas, luminosidad, volumen en otras.
Cuando me quiero dar cuenta: "Voilá".
Sonrío...
Ahora sí está terminado.

Stuffen 04.

Mi Playa

Mi Playa

Óleo sobre lienzo.
50 x 70 cm.

Existen rincones para pensar, ricones en los que adentrarse en uno mismo, rincones para descubrir un amor.
Existen rincones que un día haces tuyos, y desde entonces te pertenecen.

Elena.

Una hermosa historia

Una hermosa historia

Se me ha ocurrido una historia que quizá no sea real. No lo sé, pero pienso que merece serlo.

Dos idealistas (ella una mujer luchadora, él un hombre valiente, ambos militantes pacifistas) se conocen en una protesta contra la guerra del Vietnam, en Oregón, o Michigan, o Nueva York. Se miran, se gustan, hablan, se enamoran, etc. Comparten sueños de un mundo mejor, sin guerras, sin explotación. Tienen un hijo, al que quieren regalar ese mundo que han soñado. Se casan. Se asientan, compran una casa.

Años más tarde, el hijo sabe cómo se conocieron sus padres. Se lo han contado. Sabe que se conocieron gracias a la guerra, que él existe gracias a la guerra. Es un chico vitalista, ama su vida, y está agradecido a la guerra. Decide alistarse en el ejército.
Su primera misión será formar parte de la fuerza militar que invadió Panamá en 1989.

javi (dos mil cuatro)

Manual sobre los seres humanos para extraterrestres

Capítulo 1: Consideraciones biológicas

Los humanos tenemos dos brazos y dos piernas, dos pies y dos manos, dos orejas, dos ojos. El número dos es importante para nosotros. El dos es un número primo. El primo de un ser humano también tiene dos brazos y dos piernas, dos pies y dos manos, dos orejas, dos ojos.

El ser humano tiene la capacidad de razonar. En situaciones muy concretas, es posible que llegue a usarla.

El ser humano habita casi toda la superficie de la Tierra, que es un planeta esférico. De lo cual se deduce que el ser humano puede vivir tanto boca arriba, como boca abajo, como de lado.

Hay grandes diferencias entre hombres y mujeres. Aunque apenas se nota la diferencia de sabor, la textura es muy diferente.

El ser humano vive unos cuantos años y luego muere. Si se quiere acortar el proceso, se le mata. Aunque parezca mentira, una de las formas de matar que ofrecen más garantías es hacer añicos la cabeza.

Capítulo dos: consideraciones psicológicas

Primera regla fundamental de la personalidad humana: cada humano tiene su propia personalidad. Cuando no se pueda aplicar esta regla, se recurre a la Segunda regla fundamental de la personalidad humana: bueno, todos no.

Para ser un bicho tan despreciable, el ser humano se toma muy a pecho su propia supervivencia.

Hay varias enfermedades mentales que afectan al ser humano. Entre ellas: la esquizofrenia, la paranoia, y las que acaban en “ismo”.

En contra de la creencia popular, creerse Napoleón es una señal de equilibrio psicológico. Bien es cierto que sólo si se es Napoleón.

Hay muy pocos locos que se creen Al Gore, lo que demuestra la cordura de los locos.

Capítulo tres: la cultura humana

La cultura humana se basa en la tecnología. Gracias a la tecnología hemos conseguido dominar a las demás especies y tener café instantáneo. En este siglo han avanzado espectacularmente las tecnologías de la comunicación. Gracias a dichas tecnologías, un adolescente de Missouri puede hacerse famoso en todo el planeta por el simple método de masacrar a sus compañeros de clase.

Los seres humanos suelen juntarse en grupos para enfrentarse a otros grupos de humanos. Los españoles contra los finlandeses, los ricos contra los pobres, los del Atleti contra los del Madrí, los gorilas contra los chimpancés. En realidad, ni los gorilas ni los chimpancés son humanos. Ni me consta que estén enfrentados. Pero si lo fueran, lo estarían.

El ser humano tiene muchas religiones, pero sólo una es la verdadera. Por ejemplo, en Irán la única religión verdadera es la musulmana, y en el Vaticano la católica.

No os dejéis engañar. Colonia no es una ciudad que huela especialmente bien.

Los seres humanos de vez en cuando tenemos ideas. El estado sirve para impedir el contagio de las mismas. Como véis, dominamos la medicina preventiva.

El ser humano envejece antes de llegar a madurar.

El ser humano tiene un concepto tan alto de la raza humana, que cuando una persona hace una barbaridad, niegan que sea persona. Dicen: “es un animal”, o “es un cachorro de ETA”, etc.

Capítulo cuatro: la política

Ya no hay izquierda ni derecha. Los políticos de derechas lo han decidido así.

No os dejéis engañar. Aznar es un holograma.

En una democracia, el pueblo vota a sus representantes, que, una vez elegidos para sus cargos, se representan muy bien a sí mismos.

Cuando a un político le cuadran las cuentas, tiene que volver a hacerlas para que le quede algo que robar.

Un preso político no es alguien que tiene un cónyuge en prisión.

Capítulo cinco: una fábula sobre los humanos

Dice una fábula humana, que un día, un orangután, paseándose por el bosque, andaba buscando a un hombre para resolver una duda filosófica que le había surgido: si el mundo explota en mil pedazos un día de estos, ¿qué? Buscando, pues, a un humano, se tropezó con un oso y resulta que el oso era zurdo. Y ya está.

Ahora mismo no me acuerdo de la moraleja, aunque cuando me contaron la fábula me la dijeron.

Capítulo ene: (por si meto más capítulos): despedida

Hasta luego.

Javi 2002

Noche

Noche

A Laura “Mulhingan”, por las noches de palabras compartidas y por la amistad.

Quizá lo mejor sea escribir. Claro, que en realidad debería estar durmiendo, pero...
Entonces: lámpara (encendida), papel, bolígrafo... ¿y?

Y, en la ventana, la noche oscura...

Entonces: lámpara, papel, bolígrafo, noche oscura, gato...
Miro por la ventana y hay un gato paseando por la calle. Es un gato negro y sus ojos brillan.

(En realidad la ventana da a un patio interior y no hay ningún gato. Pero necesitaba al gato y necesitaba la calle – necesitaba la calle para el gato, que no hubiera querido estar encerrado en un patio, pobre. Me los inventé, estoy en mi derecho.)

¿Y? Y el silencio enorme, que incluye los pequeños ruidos de la noche.

¿Y? Y en el cielo la luna.
Y la luna lo ve todo.

Entonces: lámpara, silencio, papel, noche oscura, bolígrafo, luna, el gato aunque no exista... ¿y?

Y yo, claro, el que no puede dormir y junta palabras. Y lo que no me deja dormir: un terror indefinido que acecha en la sombra. Y la sombra, que no puede dormir y junta palabras.

¿Algo más?
Claro: todo aquello que corresponde a la noche que escribo y que no coincide con la noche que está más allá de la ventana....
La noche luminosa, soleada... ¿por qué no?

Qué torpe. Pero qué torpe... tan tranquilas estaban las palabras durmiendo en el diccionario y yo tenía que invocarlas... un desastre: soleada ha despertado con sus rayos a sonora, que se ha puesto a hacer ruido y el ruido ha despertado a la rumba que se ha puesto a bailar... y luminosa ha despertado a lujuria, que enseguida ha ido a despertar a su amante... y enseguida con sus prisas... y amante con sus ansias... y... ¡en fin, todo el diccionario despierto!
La noche se ha llenado de palabras bulliciosas, el gato ficticio huye despavorido, y ya seguro que no podré dormir.

Quizá no fue buena idea escribir. En fin, ya no hay remedio, y ahora que sé que no voy a conciliar el sueño, lo mejor que puedo hacer es llenar aún más la noche de palabras, de algarabía, convertirla en noche clara, noche diurna, poblar la unanimidad silenciosa de discrepancias chillonas, bajar la luna del cielo para que el gato juegue con ella (el gato ha huido, pero da igual, me invento otro)...

El gato y la luna

Es una noche luminosa, soleada de sol reflejado y de soles lejanos – las estrellas.
Todo está bien bajo el cielo, piensa el gato, y entonces dirige su mirada a la luna.
La luna observa al gato. Todo está bien en la tierra, piensa, pero ese gato qué quiere.
Cuando la curiosidad puede más que la pereza, el gato da un salto. Cae en la superficie blanca con suavidad felina. Recorre la luna. Olisquea los cráteres. Busca por todas partes, y sólo encuentra una bandera que alguien se ha dejado. Pensando que es una cortina, cumple su deber de gato: la hace pedazos.

Lo malo de este lugar, piensa, es que no hay ratones. No hay pájaros. No hay nada que se pueda comer. Sólo una cortina, polvo y roca, piensa.
Tiene hambre. Quiere bajar a la tierra pero no se atreve. Está tan alto. La luna es una trampa, piensa.
Lo siento por el gato, piensa la luna, pero no le dije que subiera.

Un astrónomo ve al gato con su telescopio. Le da pena y se pone en contacto con la NASA:
- ¡Hay que mandar una misión tripulada a la luna! ¡Hay que salvar al gato!
- Ya le vimos, - responden, - pero no haremos nada para ayudar a ese gato insolente que no respeta los símbolos de la patria.

El gato se muere de hambre en la luna.
La curiosidad mató al gato.

Acerca de los gatos

En el antiguo Egipto, los gatos eran símbolo de sabiduría. Probablemente, los gatos de aquella época sabían lo mismo que los de hoy en día. Es decir: nada. Es decir: sabían todo lo que necesitaban saber.

Las personas siempre hemos anhelado esa clase de sabiduría.

El asesino

La ciudad está dormida y oscura. La luna dibuja fantasmas.
El asesino recorre las calles. Sabe dónde encontrarme.
El parque está desierto a estas horas. El asesino bordea la alta verja de hierro. Llega a la puerta y entra en el recinto. Camina sigiloso por el sendero, evitando la luz de la luna. Penetra en la oscura maleza.
En el lugar previsto, divisa a su víctima. En la oscuridad, una sombra más oscura: un hombre. Está esperando a alguien, las manos en los bolsillos de la gabardina.

El asesino avanza, con el puñal en la mano. El otro le mira. Dos pasos más y ya están lo bastante cerca. Un brazo se estira, el acero penetra en la carne. Un hombre cae al suelo con el cuello ensangrentado.

El asesino contempla a la víctima. Ve un objeto que brilla letal en la mano derecha. El asesino reconoce el puñal del otro y se estremece. Guarda el propio en el bolsillo de la gabardina. Se aleja del lugar del crimen.
Ya camina por las calles, mira a un lado, a otro, quiere mirar en todas las direcciones a la vez. Cree ver en cada rincón la silueta de un hombre que acecha.

Soy el asesino. Soy yo quien yace en el parque. Soy las formas oscuras que simulan figuras humanas.

Crueldad

El gato clava sus uñas en el ratón indefenso. Con un movimiento rápido y hábil, le lanza hacia arriba; según cae, le intercepta con un zarpazo, impulsándole de nuevo hacia arriba; según cae, le golpea hacia abajo con la garra y le aplasta contra el suelo. El ratón aún se queja, con las tripas al aire.
El proceso se repetirá hasta que deje de ser divertido.

Cerca de allí, un hombre cae, herido de muerte en el cuello.

No muy lejos, A dice a B las palabras exactas que acabarán hundiendo a C tras una compleja serie de causas y efectos fríamente calculada, y apura su copa de coñac. Un hombre mira el cielo al otro lado de los barrotes de su celda y desea morir; los buenos ciudadanos duermen tranquilos. X dice a Y: “te quiero”. Y, fatalmente, cree a X.

La luna, diosa fría y distante, observa estas cosas y las otras cosas que pasan. Hace su secreto resumen.

Amanece

El gato no lo recuerda, pero soñó que subía a la bola blanca. Cuando despertó, hizo una cacería en el parque, su territorio. Ahora, satisfecho, descansa. Se relame. Se acicala. Una ráfaga de viento le trae un olor nuevo. Siente curiosidad y sigue el rastro.
No tarda mucho en descubrir el cadáver. Lo examina. Olisquea aquí y allá. Mira la garganta rota. Decide que no es una amenaza ni sirve para comer.
Reanuda la tarea que había interrumpido. Un gato nunca descuida su limpieza por mucho tiempo. Se lame las garras y las pasa por las partes de su cuerpo que no puede alcanzar directamente con la lengua: las orejas, la cabeza, el cuello. Va lamiendo, sin prisas, las patas traseras, el vientre...

Mientras tanto, ha comenzado a amanecer. El cadáver, fantasma de la noche, lentamente se desvanece según va aumentando la claridad. El gato observa este proceso un instante, y luego continúa su tarea. No comprende lo que ha visto, pero no se inmuta. Es fácil asustar a un gato; muy difícil hacer que se asombre.

Javi (2004)

A la Italiana

A la Italiana

Nunca te acostarás sin saber algo más
y en estas estaba yo,
cuando ayer,
un asunto me hizo pensar...
La frase "a la italiana"...
Ni pizza, ni parmesana
es mucho más sabrosa
y tremendamente sana...

Pero adelantar acontecimientos
no hagamos,
sigamos relatando...
Los jueves se han vuelto
muy calientes.
Ya nadie sale, y todo el mundo
en casa se queda,
a contemplar a la Lorena...
Que dos rombos tiene,
dos y bien puestos,
al hablar sobre
el sexo...

Porque en este mundo,
torpe y hasta mudo...
hay muchas cosas por saber
y una de ellas es,
un buen revolcón hacer.

La buena de esta mujer
recomendaciones,
y hasta observaciones,
de los asuntos sexuales
se atreve a hacer...
¡Cuánta osadía para una mujer!
Y sin tapujos.
que es como ha de ser...

Ayer se habló del Kamasutra
posturas y demás,
600 posiciones o algo más,
más parten de cuatro básicas,
como no puede ser más...
Es como la música,
cuatro compases, no más...

Más al público se preguntó
su preferida cual era...
misionero,
de perfil,
perrito...
francesa,
y hasta italiana,
la presentadora alucinaba,
esa no entraba en el registro...
¿Cómo era?
¿De qué trataba?
Y a esa pregunta
del público
una mujer contestó:
"Te la meten por la noche...
la sacan por la mañana"...

Así que ya sabéis una más...
Coged,
Disfrutad...
Y a...

Jimul Abdallah Ibrahim

Doña Inés

Doña Inés

Que lo prometido es deuda,
y aquí el Califa las paga...
Voy a hablaros de esta señora,
alguien que en su pasado...
por enamorarse con un pichabrava,
perdió su condición de dama,
y en convento la encerraron
como vulgar cucaracha...

Pero, héte aquí que los tiempos
cambiaron,
más hay algún majadero
que ni aún se ha enterado...
Pues bien, esta mi Doña Inés,
ahora se ha modernizado,
ya viste en el Corte Inglés,
y hasta sale con casados...
y los sábados hasta colecciona
picos pardos...

Señores, señoras,
que ya no es ella,
que es una Cosmopolitan...
lee las fotonovelas,
y escucha baladas rockeras,
aunque lo que le pone
es el sexo con Paquito Vega...
Porque ella no es estrecha,
ni se atormenta al mirar las vergas,
tampoco es una descarada...
Y mucho menos, buscona por las tiendas...
Ella tiene para estas y otras tareas
una imaginación que no veas...

Mas lo que guarda es aquel instinto
maternal, aquella mirada tierna,
que las guarda con el citado Vega...

Eso sí, con Dios es muy cañera...
no cree en él,
y comenta: "De eso nada"
cuando le dicen que los muertos hablan...

Ella recuerda a aquel cuento que
su abuela le contaba, de aquella
mujer engañada, por un folletero
impotente y verdulero;
que follaba más con la boca,
que con su puntero...

Y así acabó, muerto por majadero,
más ella se llevó un gran berrinche...
y por eso lo salvó de los infiernos,

Por eso cuando llega el día de los Santos,
el de los cementerios...
Su mirada queda clavada en el cielo,
saludando a aquella mujer,
la primera en la historia,
que sacó a su amor de LOS INFIERNOS

Jimul Abdallah Ibrahim

Decisión

Decisión

Esta historia es muy cerca a, casi se podría decir el día y la hora en que transcurrió… Pero no se trata de contar todos esos pequeños detalles. Lo que os voy a contar aquí es la importante conversación que tuvieron unos no menos importantes personajes, yo he tenido acceso a ella, porque me la susurró una persona al oído como un secreto, y os voy a contar palabra por palabra lo que ella me dijo:

“Yo vi con mis propios ojos como un grupo de personas se reunieron en un lugar discreto y apartado del campo, que no voy a situar exactamente, para que siga manteniendo la misma belleza. Lo que sí puedo decir es que es un lugar utilizado (aunque no mucho) y poco valorado por las gentes que allí viven.

Aquella era una mañana de octubre, la niebla por esas fechas, en esas tierras de Castilla inhundaba todo el valle. Como siempre, este amigo mío, se levantaba a una hora prudencialmente temprana y tras desayunar, cogía aire del día recorriendo ese sendero, para luego encerrarse en su pequeño despacho y tecletear incansablemente palabras en las pantallas. Efectivamente, escribía historias, situaciones… Unas veces por encargo y otras por gusto. Ese día iba pensando en el desenlace de una de esas historias, era un guión para una película, aunque tenía todo ya hilvanado, aún sus preocupaciones no paraban de rondarle la cabeza, el final no era todo lo redondo que él deseaba… Así que con estas preocupaciones se fue camino adelante y se perdió entre la niebla. Ese día era especialmente densa, parecía que estaba hecha para ocultar algo… Pensativo, fue caminando como despistado, olvidándose de la ruta fijada… Era como si una fuerza invisible le fuese llevando a un lugar determinado. Cuando se quiso dar cuenta estaba en pleno valle, sorprendentemente la niebla era aún más densa allí, si es que podía ser más densa.

Tuvo que hacer un esfuerzo especial para averiguar los pasos por ese camino tan trillado que tenía. En ese momento comenzó a oir ruidos… Era como si se hubiese roto el silencio que la niebla imponía en aquel lugar. Al principio, pensaba que era su imaginación que estaba jugando con él… No era la primera vez que su imaginación volaba hacia lugares insospechados. Pero aquella vez era real, los susurros iban convirtiéndose en sonidos cada vez más perceptibles hasta llegar a comprender claramente lo que se decía, llegando incluso a reconocer las personas que allí estaban. Aturdido y sorprendido quedó al ver a los Reyes Magos y a Papá Noël hablando en voz muy bajal, tenían tono de preocupación y a veces incluso de enojo sus palabras … Comentaban que la situación del Planeta Tierra no podía seguir así. Papá Noël le pedía ayuda, los bosques que estaban alrededor de su casa, estaban tristes, habían dejado de ser tan frondosos como antiguamente. El decía que era debido a las sustancias que utilizaban los humanos en su vida diaria, su preocupación llegaba a tal grado que rozó el enojo… Los Reyes Magos, entendían perfectamente la posición de Papá Noël y le calmaron con estas palabras:

R. Melchor: Tranquilo Noël , no te enfades, sabemos cómo son los humanos perfectamente. Imagínate, si a nosotros en lugar de sabios nos llaman Reyes.

R. Baltasar: Conmigo hasta se permiten hacer gracias como la de “Ba-saltar y se cayó”. Incluso en España me ponen voz cubana, cuando soy de Oriente Medio.

R. Gaspar: Eso por no hablar de la mala fama que tenemos por venir de un lugar en el que la razón se ha perdido por completo, y todo el mundo cuyo orígen tiene que ver con aquellas tierras es mal mirado.

Papá Noël: Lo sé perfectamente, y por eso es necesario hacer algo para que todo vuelva a ser como antes. Una raza no puede destrozar este maravilloso planeta.

R. Gaspar: .La solución ya está tomada, y no va a ser agradable para nadie.

Todos se quedaron expectantes ante las palabras del Rey Baltasar y con las miradas clavadas en la suya esperaron a que continuara con el relato.

R. Gaspar: Os la explicaré detalladamente. Este plan me lo desveló el gran Santón cuando, estuvimos en aquella reunión de sabios de la India, ¿os acordáis? (Gaspar y Melchor asintieron). El y yo estuvimos hablando largo y tendido cuando no estábamos reunidos todos en aquellas asambleas. Era un hombre muy sabio, con una asombrosa facilidad para expresarse, al oírlo era como si estuvieses viendo lo que relataba… Este buen hombre, me dijo que la Naturaleza estaba fuera de sí. Su capacidad para soportar la barbarie humana ya había sido superada ampliamente, por lo que ha decidido manifestar su malestar de la única forma posible: Mostrando su cara más dura, aunque realmente los responsables hemos sido nosotros, los humanos.
El gran Santón no lo veía todo perdido, él piensa que somos materia, y como tal , cuando desaparecemos del mundo en el que vivimos, nuestra materia se reconvierte, se transforma en otro elemento distinto, que tal vez pueda ser hombre, animal, vegetal o mineral. También podemos convertirnos en elementos líquidos o elementos gaseosos…

Así que, mientras la Naturaleza, aparentemente elimina la vida, lo único que está haciendo es limpieza, deshaciéndose de todos aquellos elementos dañinos que molestan o dañan el conjunto que perjudican la salud del planeta. Por supuesto, al hacer limpieza, se van elementos valiosos también, los menos, pero esos elementos, volverán a reaparecer de una forma mucho más brillante, y ocupando posiciones dominantes, para que así el Nuevo Mundo se renueve con la sabiduría natural, y podamos gozar todos de un entorno bello y equilibrado.

Papá Noël: ¿Y nosotros, dónde entramos en toda esta historia?

Rey Baltasar: Muy fácil, nosotros iremos, casa por casa haciendo una marca imperceptible para los humanos, de qué aspecto deben adoptar en el futuro, y así cuando dejen de tener el aspecto actual se prepare automáticamente su futuro aspecto que van a tomar. No son premios ni castigos, tan sólo la propia evolución del individuo o animal.

Por lo tanto, a partir de estas navidades debemos de ir dejando la señal oportuna, secreta por supuesto.

A partir de entonces, las voces se perdieron y nuestro observador ya vio ni oyó nada más, era como si se hubiesen hecho invisibles. Rápidamente fue a casa, muy asustado. Todos sus planteamientos acerca de la vida, habían sufrido un revés importante, estuvo largos días ausente, pensativo. Su familia y amigos lo notaban, pero él ponía como excusa que eran las navidades que le traían recuerdos tristes.

Un día muy ventoso de pleno invierno, su coche se salió de la carretera, empotrándose contra una pared de piedra, su corazón dejó de latir.

Se dice que en otro lugar de este planeta ha nacido un bebé que desde el primer momento muestra una sensibilidad fuera de lo normal, y en su mirada transmite mucho más de lo que cualquier bebé logra transmitir.

Fin

Jimul Abdallah Ibrahim

La profecía

La profecía

Ha de cumplirse la profecía, pues está escrita en un lugar oculto y sagrado. Te está permitido escucharla, pero no recordarla. Y la profecía dice así:

En una calle habitual pero no cotidiana, verás a un hombre.
Y ese hombre llevará una corbata azul con lunares amarillos.
Y ese hombre vestirá un traje negro y zapatos del mismo color.
Y esa corbata no será sólo fea, sino además errónea.
Y ese hombre llevará una camisa negra.
Y esa corbata no será sólo errónea, sino además, de una forma misteriosa e inescrutable, maligna.
Y ese hombre tendrá un rostro triste y gris.
Y contemplar esa corbata causará espanto.
Y el hombre vestido de negro se acercará a ti.
Y ese hombre hablará.
Y su rostro se volverá más triste y más gris según hable.
Y al mismo tiempo, el gris se volverá verdoso.
Y estas serán sus palabras:
"Disculpe, ¿me podría indicar cómo se llega a la calle...?"
Y no acabará la frase.
Y jamás sabrás a qué calle quiere llegar.
Y cuando se interrumpan las palabras del hombre que vestirá de negro, observarás que sus ojos se llenan de lágrimas.
Y será horrible contemplar esas lágrimas.
Oirás al mismo tiempo un gemido lento y largo.
Y será horrible oírlo.
El gemido se convertirá poco a poco en palabras: estoy perdido estoy perdido estoy perdido.
Y será horrible escuchar esas palabras.
Y de pronto el rostro del hombre se volverá muy pálido, manteniendo lo verdoso.
Y entonces enloquecerán el rostro y el hombre.
Y saldrá corriendo el hombre.
Y el rostro gritará.

Desde entonces, jamás podrás olvidar esa corbata.
La verás en los sueños.
Creerás verla en la vigilia.

Y desde entonces, la sal aparecerá misteriosamente en el azucarero.
Y el azúcar en el salero.
Y por la noche todos los ojos de todos los gatos de todos los tejados se volverán para mirarte.
Y el mundo será espantoso de una forma misteriosa e inescrutable.

Cuatro meses y dos semanas más tarde, saludarás a la muerte en un suburbio de una ciudad oriental llena de rostros feroces.
Y pensarás que por fin podrás librarte de la corbata.

Pero tu infierno será una eternidad azul con lunares amarillos.


Javier
24 de abril de 2004

La vida en la ciudad

La vida en la ciudad

(Relato fantástico)

Dicen que la vida en la ciudad provoca angustia. Las prisas, las aglomeraciones humanas, la inseguridad...
¡Tonterías! La angustia es un estado mental que se puede vencer con suma facilidad. El secreto es sencillo: no preocuparse.
Hoy, por ejemplo, me he levantado con ganas de lentitud. No quería darme prisa. No me daba la real gana de correr.
Hoy, por razones ajenas a las autoridades, las concentraciones de agentes contaminantes en el aire de esta metrópoli eran muy bajas. La luz perfilaba los contornos de las cosas con nitidez y resaltaba los colores. ¡Se podía respirar a pleno pulmón! Cuando he salido a la calle, todo, excepto las personas, parecía saludarme al pasar.
He disfrutado recorriendo las calles con calma, cruzando los pasos de cebra con parsimonia mientras los conductores hacían sonar sus bocinas hoscas y malhumoradas con una insistencia digna de mejor causa y yo sonreía: a los conductores, a los coches, a las bocinas, a los bocinazos y a la insistencia.
Sonreía al mundo sin pudor ni disimulo.
Al llegar a la boca del Metro, he bajado las escaleras muy despacio, estorbando el paso de seres enloquecidos y agitados que me insultaban con el deje local y con acentos de todas las latitudes: ¡qué maravilla ecléctica y cosmopolita! He esperado en el andén junto con estos personajes inquietos y multiétnicos, quienes, al verme, han murmurado maldiciones en mil idiomas distintos: ¡qué riqueza cultural!
Una mujer comía un enorme bocadillo y nos miraba a todos los allí presentes como si temiera que fuésemos a robárselo.
Me acerqué a ella y dije:
- Buen provecho.
Ella delegó la respuesta en su mirada. Ésta dijo:
- ¿Qué quieres de mí? ¡Vete!
Me alejé de la mujer y de la mirada mientras comenzaba a urdir planes para robarle el bocadillo a la primera, más que nada por hacer algo mientras esperaba.
Cuando el primer metro, temible, veloz y subterráneo, ha llegado rugiendo, todos se han agolpado frente a la puerta, como si entrar el último en el vagón fuese un delito castigado con la pena de muerte. Yo he decidido esperar a que pasara un tren con menor densidad de población. Algo que se asemejase menos a un camión de transporte de ganado. Mientras esperaba, una fauna variopinta ha desfilado por el andén. Niños, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, pobres y menos pobres (ricos, aquí en el Metro, no, claro), de aquí y de acullá... Seres de pelajes tan diversos, pero tan parecidos: todos con la misma prisa, todos igual de comprimibles al entrar en los sucesivos vagones.
Durante un rato, me he dedicado a ver la televisión del Metro, pero he perdido interés. No me creía nada de lo que me contaba. Ni siquiera creo a mi televisor, que es de confianza, hasta lo tengo instalado en casa. Cómo me voy a fiar de esta pantalla extraña. He preferido mirar mis pies, que ejecutaban una complicada danza al son de la música que sonaba por megafonía: creo que era Bach.
Cuando también este entretenimiento ha dejado de interesarme, he degustado pausadamente el bocadillo, que ha resultado ser de jamón ibérico (¡exquisito!).
Por supuesto, he llegado tarde al trabajo.
He llegado bastante tarde, de hecho, y no ha sido la primera vez... ¡Ni mucho menos!
Mi jefe se ha puesto tan nervioso que me ha despedido.
He salido a la calle. Un cielo despejado y luminoso y una temperatura tibia, agradable, invitaban a seguir paseando sin prisas, arropado por el fluir policromo de gente y automóviles.
Mientras caminaba de nuevo por las calles de mi ciudad, he comenzado a cantar una canción que es todo un himno:

Dum dum du-a du-a du-aaaaaaa...
du-a du-a du-a...
Don’t worry...
Be happy!


Javier Lázaro Sanz (marzo de 2003)

Ruinas

Ruinas

Datos técnicos de la obra:
Elena 2005.
80 x 60 cm.

"Hasta el momento presente el objetivo del arte ha sido la belleza, pero ésta es sólo una pequeña parte de lo que el hombre puede imitar".
Lessing en el Laoconte.

¿Como definirías la palabra romanticismo?
¿Es romántica una historia de dos amantes cuyo final termina comiendo perdices?
¿No son acaso mucho más románticos los relatos que nos hablan de amores imposibles, catástrofes irrefrenables, luchas por sobrevivir ante la adversidad, enfrentamientos hombre-maturaleza, ruinas, restos presentes que nos evocan antiguas presencias de tiempos mejores?
Se lo preguntaría a Caspar Friedrich, pero hace tiempo que murió.
Stuffen.

Deslizamientos

Deslizamientos

Todo se conjuraba a favor del hombre que estaba tomando una cerveza en la terraza situada en el paseo marítimo. Una brisa mitigaba el calor de la noche estival. Las luces de la ciudad se reflejaban en el agua con ostentación de diamantes. El ambiente invitaba al placer sosegado, a la despreocupación: el mar y su eterno murmullo, susurrando al oído de las personas su enormidad, su misterio o su antigua e imperturbable calma, según las necesidades de cada cual; el lujo cosmopolita de los yates en el puerto deportivo y los Audis, Mercedes y Ferraris que siempre parecen llevar de pasajero a un jeque, un príncipe o un mafioso; la noche hermosa y tranquila, un jazz melódico y pausado que llegaba desde algún establecimiento cercano... tantas promesas de felicidad y placer... y además...
Pero, ¿qué le pasaba al hombre que estaba tomando una cerveza en la terraza del paseo marítimo? Parecía inquieto, miraba para todos los lados... ¿Por qué?
Algo iba mal. Había alguna pieza que no encajaba. Tenía un extraño presentimiento: lo que le rodeaba estaba equivocado. ¿De dónde venía esa sensación?

Trató de recordar: ¿qué había hecho, dónde había estado antes de llegar allí? Se dio cuenta de que no conseguía conectar los escenarios de las últimas horas, tenía grandes lagunas en su memoria más inmediata. Se concentró. Había estado en un autobús... pero ¿qué autobús? Uno urbano, de eso se acordaba.
¡Eso es! Se había subido en... No, no podía ser... pero ¡sí!, ¡claro que sí!
Había cogido el autobús en Méndez Álvaro y... y... ¿dónde se había bajado? No sabía precisar eso. Después había caminado y... ¿sólo había caminado?
Sí, lo recordaba perfectamente, y ahí estaba el quid de la cuestión. Después de bajarse del autobús urbano había llegado andando hasta ese paseo marítimo imposible, que ya no era tal sino un parque oscuro.

El hombre se levantó del banco, sobresaltado y palpando instintivamente su cartera, que seguía en el bolsillo del pantalón. Miró a su alrededor y le pareció ver una sombra que huía en la oscuridad. Se estremeció. Sin saber aún dónde estaba ni qué hacía allí, echó a correr siguiendo el ruido del tráfico. Por fin llegó a una valla que separaba el parque de una avenida amplia y bien iluminada. La siguió hasta alcanzar una puerta y emergió a la luz en la calle de Alcalá.
Aturdido como estaba, no pudo pensar nada. Se limitó a repetir mecánicamente gestos habituales: parar un taxi y darle su dirección. La charla del taxista, poco a poco, fue devolviéndole a la realidad.
- Vaya tiempo que hace, ¿eh?
- Sí, terrible.
- ¡Y que lo diga! Precisamente venía escuchando en la radio que éste es el mes de enero más frío en décadas... ¡Anda, que tener que jugar al fútbol con estas temperaturas...! ¿Ha visto el partido?
El pasajero se preguntó de repente si tenía suficiente dinero para pagar el taxi. Comprobó su cartera: sí, bastaría con esos cinco euros, y quizá el taxista le aceptara ese billete extraño como propina...
“¡Qué raro!,” pensó, “¿por qué tengo ese billete extranjero?”
Cuando llegó a su apartamento, éste le esperaba, como siempre, solitario y frío. Trató de poner, por fin, orden a sus recuerdos del día y a sus ideas.

De nuevo, recapituló: la terraza, el paseo marítimo... él sentado, bebiendo su cerveza... ¿solo?
“Es curioso que no me haya dado cuenta antes...” pensó al recordar que había alguien con él en aquella terraza en una ciudad al otro lado del mundo.

¿Al otro lado? ¿Por qué había pensado eso? Se preguntó: “¿Y si era a este lado, y entonces al otro lado... al otro lado estaría...?” Pero había una cuestión más urgente: “¿Y quién es ella?”. No podía distinguir sus rasgos en la penumbra de la habitación, sólo veía su silueta, pero, naturalmente, sabía quién era. ¡Cómo había podido olvidarse!
Volvió al asunto que había dejado pendiente: entonces, al otro lado del mundo, ¿qué habría? Le costó recordar incluso por qué había surgido esa inquietud, pero una vez que lo supo, las imágenes fueron apareciendo, lejanas pero nítidas: el taxi, el autobús, Méndez Álvaro, el invierno, el Parque del Retiro, la casa vacía...
Fue entonces cuando comprendió que esos recuerdos no le convenían... no quería que todas esas cosas le devolvieran a Madrid. Decidió olvidarlo todo.
Se acercó a la ventana y la abrió para respirar la brisa que le llegaba del mar.

Javi (2003)

Buenos días

Buenos días

¡Buenos días, señor recién nacido! Bienvenido a este mundo.
Pase sin miedo y póngase cómodo.
Como ve, aquí estamos todos ocupados con la tarea de vivir, por lo que quizá le podamos dar algunos consejos útiles, ahora que usted se va a dedicar también a ello. En primer lugar le diré que en este mundo a casi nadie le importa mucho que usted exista, y si llega a importarnos, eso puede ser bueno o malo. En general, se puede decir que es preferible evitarlo.
Tenga eso en cuenta, no se de a las drogas, aplíquese a sus estudios cuando llegue a la edad de estudiar, y poco más. Por el momento haga caso de lo que le dicen su papá y su mamá y el resto lo irá averiguando.
Y bien, hablando de todo un poco: ¿Qué tal? Su nacimiento digo... ah ¿cesárea, eh? Bueno, pero ¿todo bien? Ah, me alegro.
En realidad no me refería al parto en sí.
Quiero decir, ¿qué le ha tocado en suerte? Un gueto de una gran ciudad, una aldea perdida en el Nepal, una favela brasileña, un campamento de refugiados palestinos... o quizá ¿un barrio exclusivo, de gente adinerada, y un master en dirección de empresas en el futuro?
Ah, nada de eso, un barrio residencial de clase media. Bloques y más bloques de pisos, mucho césped que no se puede pisar. Tiendas de comestibles y conversaciones acerca del tiempo. Está bien, puede considerarse afortunado. Con toda probabilidad, será un don-nadie. Créame, si no es de esos que le piden demasiado a la vida, ser un don-nadie es un destino satisfactorio.
Hágame caso, señor recién nacido, pues he pasado toda mi vida en ambientes similares, y algo sé de esto. No trate de ser el mejor en nada, no se preocupe por destacar. Confórmese con ser uno más entre millones, y las cosas le irán bien. Tendrá una casita con calefacción, una mujer e hijos. Un trabajo pagado, no bien pagado, tampoco grato, pero pagado. Cañitas con los amigos en el bar de la esquina. Excursiones de fin de semana al campo. Y muchas cosas más: un automóvil de segunda mano, partidos de fútbol por la tele, revistas, reuniones familiares, infidelidades, seguro médico... Cosas para nada despreciables.
En fin, le dejo que siga gateando, veo que está haciendo progresos notables. De nuevo, bienvenido al mundo. Espero que le vaya razonablemente bien en la vida.

Javi (marzo de 2003)

Instrucciones para soñar

Instrucciones para soñar

A Cortázar, cómo no...

Lo primero es ocuparse de las necesidades fisiológicas, para que no estorben más adelante. Considero innecesario entrar en detalles al respecto. Detectar el exceso de ciertas materias innecesarias que ha acumulado el organismo, y deshacerse de ellas en el lugar adecuado y con la debida pulcritud, son cosas que probablemente no revisten gran dificultad para el lector avisado. No son asuntos agradables para hablar de ellos, pero recuerde, eso sí, que este paso es esencial.

Una vez hecho esto, prepárese para dormir. Póngase cómodo. El lugar ideal es una cama; la postura ideal es tumbado, ya sea boca arriba, de lado o boca abajo. Debe procurar que haya silencio, que no haga calor ni frío. Si es de noche, apague la luz. Si es de día, baje la persiana para que no entren los rayos del sol. Cierre los ojos.

En este momento, todas las preocupaciones y sinsabores del día se agolparán en su mente con saña. Se preguntará qué le indujo a decir unas palabras tan duras a alguien a quien aprecia, e imaginará mil consecuencias nefastas que pueden derivar de este hecho. Dará vueltas y más vueltas a los acontecimientos que ha vivido en la oficina; pensará en ese tal Pérez que no deja de joderle, sin duda porque envidia su puesto. Recordará que mañana tiene que llamar a su madre, a ver si se mejora de esa indisposición que tanto le preocupa, ojalá no tenga que pasar de nuevo por el quirófano, ya se sabe que a su edad estas cosas son delicadas... Mil ideas más revolotearán por su mente: por último pensará - esto siempre pasa, es imposible evitarlo - que debería dormir, pues necesita descansar para aguantar la dura jornada de mañana, y se angustiará porque no lo logra. Debe ahuyentar todas estas preocupaciones. No luche con ellas, afróntelas con una sonrisa y una actitud desenfadada. Mañana se arreglará todo. Y si no se arregla, que siga estropeado: la vida es así y, por suerte, cada día tenemos una tregua durante la cual el emperador puede olvidarse de sus preocupaciones de emperador para ser mariposa, y la mariposa puede dejar de lado sus tribulaciones de lepidóptero para convertirse en emperador.

Cuando su cerebro se haya librado de tan molestas visitas, respire hondo, cuente ovejitas si tiene costumbre, y déjese llevar al otro lado.

Ya está usted al otro lado. Se han trastocado las reglas del mundo cotidiano. Enhorabuena: usted se ha convertido en otra persona, y el mundo se ha convertido en otro mundo... ¿no es maravilloso?

Quizá se encuentre en un país de idílicos parques y gente sonriente. Quizá se encuentre en una habitación sin puertas ni ventanas donde hay una silla, dos duendes que escriben fórmulas matemáticas en la pared con sendos pinceles y un ratón que le dice cosas que no logra entender del todo. Quizá reaparezcan personas de su pasado, que hace mucho tiempo han muerto o han desaparecido de su vida. De su vida del otro lado, claro está. Es posible, también, que le persiga un orangután, que una muchedumbre reclame que le corten la cabeza, o que en un oscuro rincón se esconda un peligro misterioso, algo terrible e indefinido de lo que tiene que huir inmediatamente.

No se altere. Compruebe sus capacidades para actuar dentro de este mundo nuevo. Puede que sus miembros no le respondan como suelen hacerlo normalmente. Cuando quiera huir de un peligro, no podrá mover las piernas, o bien correrá a una velocidad vertiginosa, o bien echará a volar y llegará a una nube, y ahí encontrará, ahora sí, el país de idílicos parques y gente sonriente. No tenga prejuicios, ha dejado de existir lo posible y lo imposible, lo verosímil y lo inverosímil.

Déjese llevar, disfrute de las posibilidades que le ofrece la nueva situación: viva aventuras; explíquele a su abuelo todas esas cosas que quedaron sin decir cuando murió, y que dejó enterradas en su pecho royéndole las entrañas; sea rey, marinero, rico, pobre, asesino, monstruo, sabio. Sepa que esto no es una ficción, no es un capricho; usted es rey, marinero, rico, pobre, asesino, monstruo o sabio. Lo ha sido siempre. Demuéstrelo.

Javi (2003)

El burro delante...

El burro delante...

Sí, para que no se espante.

Lo que pasa es que Pakito, que es el burro y el de los animales y demás bichos, no está aquí ahora, así que escribiré yo el primer artículo de los miles de artículos que pondremos aquí a partir de ya mismo.

A_las_6 porque, de momento, somos seis escritores. Y_pico porque puede que dentro de poco haya más. Difícil conclusión a la que sé que no habrías llegado sin mí, apreciado lector, o sí.

Ellos, los otros cinco, escriben de lujo y son un lujo. Yo no sé escribir, sólo tengo seis meses y a veces me convierto en tiburón, en el tiburón Alfredo, con la dificultad que acarrea el tener aletas en lugar de manos a la hora de teclear.

En fin, espero que disfritéis con este blog chulo chulo. Que disfritéis y además que disfrutéis.

Abrazos.
Cerrolatas.